Editorial

Prácticamente cualquiera de nosotros sabe que todo en exceso es malo, que aún las cosas aparentemente más sencillas o inicuas pueden llegar a hacernos daño si las usamos o hacemos en exceso; obviamente esto también quiere decir que, en su justa medida, todas las cosas, hasta las que para muchos pueden ser consideradas malas, tienen su lado bueno y dejan algo positivo.

Por ejemplo, ha quedado demostrado que todos los seres humanos somos egoístas por naturaleza, que el egoísmo en exceso realmente es malo, pero en su justa medida no solamente puede ser positivo, sino hasta necesario, para nuestro bienestar físico y emocional.

Esto quiere decir que hay momentos en que debemos anteponer nuestras necesidades sobre las de otros, el problema radica, como decía al principio, en qué tanta importancia le damos al asunto, hay personas para quienes su bienestar es lo único que les importa sin importarles nada ni nadie más.

Por el otro lado tenemos a personas que únicamente viven para satisfacer a otros, que creen que tienen que acatar ciegamente todo lo que los demás les pidan y nunca son capaces de esforzarse por buscar lo que a ellas les satisface.

Un equilibrio implica saber cuándo es bueno un poco de egoísmo y cuándo debemos hacer un pequeño sacrificio por el bien común, pues esto es lo que nos ayuda a todos como sociedad a seguir adelante.

Desafortunadamente muchas personas están en un lado u otro del espectro, y rara vez dentro de la zona de equilibrio; muchos de nosotros solamente queremos recibir beneficios y más beneficios, pero sin apoyar en nada, sin darle nada a nadie porque creemos que la sociedad entera está en deuda con nosotros.

Un claro ejemplo lo tenemos en Puerto Escondido como destino turístico, todos quisiéramos que cada día llegaran más visitantes a nuestra ciudad, todos anhelamos que la economía mejore, que los turistas puedan disfrutar de más y mejores actividades y, en general, que tengan una mejor estadía en este bello Puerto.

El problema radica en que muy pocos queremos hacer algo por lograr esa meta, esperamos a que SEAN OTROS LOS QUE LO HAGAN, y nosotros esperamos únicamente disfrutar de los beneficios del trabajo de los demás, cuando en realidad nosotros mismos debemos empezar a trabajar para lograr lo que anhelamos ver.

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