Editorial

Luego de los lamentables hechos registrados el viernes 10 de febrero en esta ciudad costera, muchas personas –tal vez sin darse cuenta o quizá plenamente conscientes– han caído en el juego de aquellos que promovieron este conflicto en primer lugar, y han decidido tomar partido y plantarse en una postura de intransigencia y cerrazón que les impide ver más allá de sus narices.

Hay quienes, por ejemplo, únicamente buscan culpables de un lado, ya sea de parte de los habitantes de Santa María Colotepec o San Pedro Mixtepec, cuando debemos entender que ambas partes obraron equivocadamente, pero también tuvieron motivos para actuar de la manera en que lo hicieron.

Hay otros que, una vez más, han vuelto a opinar que la única solución viable para todo este problema es que Puerto Escondido se independice y se vuelva un municipio autónomo; legal, económica y poblacionalmente hablando sabemos que es factible, y definitivamente como oriundo de Puerto Escondido nada me haría más feliz que ver algo así se convirtiera en una realidad, sin embargo tenemos que entender que políticamente el costo de una decisión así es enorme, y me temo que socialmente podría tener muchos más problemas que beneficios, al menos a corto y mediano plazo, por lo que esta salida se antoja casi imposible.

El problema es que NADIE ESTÁ DISPUESTO A CEDER, esperamos que los demás siempre cejen en su empeño, pero nosotros no ponemos de nuestra parte para lograr una solución que nos beneficie a todos.

Las consecuencias de esta intransigencia ya las hemos visto infinidad de veces, éste es apenas uno de tantos conflictos y enfrentamientos que hemos tenido en Puerto Escondido, y que lamentablemente sabemos que seguiremos teniendo mientras cada parte intenta imponerse por encima de los demás.

Hay formas de dirimir los conflictos, pero ni los mismos ciudadanos –mucho menos las autoridades– están dispuestos a recorrer a esos mecanismos, en principio porque tardan mucho, y en segunda por temor a que la solución que se dé no sea de nuestro agrado, pues no nos importa realmente que se haga justicia, sino que se cumplan nuestros caprichos.

Con esta clase de mentalidad desafortunadamente seguiremos viendo situaciones tan lamentables como la de la semana pasada, especialmente si los ciudadanos seguimos creyendo tontamente en que si no satanizamos a una parte, de manera automática es porque defendemos a la otra.

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