Muchas veces, al pensar en la palabra “fanatismo” inmediatamente la relacionamos con un concepto de índole religioso, pues es en el sentido en que más comúnmente se utiliza, sin embargo la realidad es que en muchos otros aspectos de la vida cotidiana podemos llegar a ver el fanatismo.

Para empezar, tenemos que entender la definición de esta palabra, que según la Real Academia Española es: “Apasionamiento y tenacidad desmedida en la defensa de creencias u opiniones, especialmente religiosas o políticas”.

Como podemos ver, el fanatismo describe a aquellas personas que, de manera desmedida, defienden apasionadamente sus creencias y opiniones, generalmente sin sustentar correctamente sus argumentos, pues el principio básico del fanatismo es una fe ciega y absoluta a que todo lo que coincide con aquello que pienso o creo tiene que ser totalmente cierto simplemente porque así me lo han dicho, o porque así he decidido creerlo.

En México vemos un peligroso fanatismo no solamente religioso (en muchas comunidades personas que profesan una fe diferente son víctimas de malos tratos, discriminación y hasta violencia) sino que también lo vemos en muchos otros aspectos, especialmente el fanatismo político.

Es normal ver las redes sociales llenas de apasionados mensajes a favor de tal o cual ideología, partido político o candidato, y más común aún ver comentarios incendiarios cuando alguna otra persona publica algún comentario o mensaje contrario a la ideología de otros, mensajes muchas veces estériles pues al final de cuenta nadie argumenta nada, las personas solamente se insultan, agreden y amenazan, pero sin compartir ideas que enriquezcan el debate y, sobre todo, inviten a la reflexión.

Más triste aún es darnos cuenta que mientras los ciudadanos DEFENDEMOS HASTA LA MUERTE a nuestro candidato o partido predilecto, estos de manera sistemática siguen traicionando sus principios o ideales, haciendo promesas imposibles de cumplir, aliándose con grupos o personas cuestionables.

Es todavía más lamentable que inclusive medios de comunicación con una gran fama y reputación han caído en este juego, pues aunque es obvio que cualquier medio va a tener una cierta subjetividad en determinados temas, pues al final quienes colaboramos en los medios somos sujetos y no objetos, es preocupante la parcialidad de ciertos medios, inclusive de renombre a nivel nacional, respecto a determinados temas, personajes públicos o partidos políticos, mientras que a otros por cosas mucho menores critican duramente a la menor provocación como si la vida les fuera en ello.