Como ciudadanos nos indignamos de los constantes casos de corrupción, exigimos que se les ponga un alto a aquellos políticos que abusan de su cargo y quebrantan abiertamente la ley, y es correcto exigir esto, pero también tenemos que entender que este tema tiene un trasfondo cultural, que los mexicanos estamos acostumbrados a ver el quebrantar la ley como algo permisible en determinados casos.

Las dos excusas más comunes usadas para justificar que alguien abiertamente quebrante la ley es, en primer lugar, que la persona “es muy pobre” y tiene necesidad de quebrantar la ley para conseguir su sustento, cuando en realidad si así fuera los índices delictivos en nuestro país serían muchísimo más altos, pues todos los pobres del país deberían ser criminales para lograr su sustento, y en realidad vemos que la gran mayoría consiguen su sustento diario ganándoselo de manera honrada, mientras que muchos de los verdaderos criminales en realidad no es que tengan necesidad de delinquir para comer, es simplemente que buscan una forma sencilla de ganar dinero.

La otra justificación que muchos utilizan es que si hay quienes cometen mayores crímenes y no son castigados, por qué ellos sí deberían serlo; para estas personas la ley no debe aplicarse a nadie hasta que no se acabe con la corrupción, la delincuencia organizada y demás problemas graves de nuestra sociedad.

El problema con esta clase de mentalidad es que, bajo esa lógica, nadie debería ser perseguido; si una persona se mete a una casa a robar, según la forma de pensar de muchos, no debería entonces perseguirse su delito pues HAY QUIENES HACEN COSAS PEORES, como ex Presidentes Municipales que se han enriquecido de manera ilícita, sin embargo, continuando con la misma lógica, tampoco estos ex funcionarios pueden o deben ser castigados, pues mientras haya ex gobernadores como Javier Duarte en libertad, no se puede perseguir a un ex Presidente Municipal; y sin embargo el caso de Javier Duarte palidece ante algunos líderes sindicales que durante décadas han estado enriqueciéndose, no solamente durante seis años como en el caso de Javier Duarte, y si a esas vamos, los crímenes de estas personas palidecen con la de otros personajes históricos, y así hasta el ridículo.

Lo que tenemos que entender es que, efectivamente, siempre habrá otros que cometen cosas peores, pero la ley se tiene que respetar; podemos exigirle a todos que la cumplan, pero la decisión es de cada quien, nosotros solamente podemos asegurarnos de que una persona cumpla con su parte: nosotros mismos, de los demás no podemos dar cuenta, pero si todos vivimos con esta mentalidad de ser ejemplo y no tolerar que nadie quebrante la ley, empezaremos a vivir en una mejor sociedad.