El miércoles 8 de marzo se conmemoró el Día Internacional de la Mujer, una celebración que, como casi todas, con el paso de los años ha ido perdiendo su identidad, empezando por su nombre, el cual es realmente el Día Internacional de la Mujer Trabajadora y cuyo propósito, como el nombre lo indica, era celebrar a aquellas mujeres que a través de su esfuerzo y dedicación lograron marcar una diferencia en la sociedad, reduciendo las diferencias entre hombres y mujeres para tener una sociedad más justa.

Obviamente todavía FALTA UN GRAN CAMINO POR RECORRER para reducir la gran brecha social, pero para ello precisamente se necesita muchísima información, la cual por desgracia pocas veces se transmite; porque muchas mujeres creen que esta fecha es un día para “celebrarlas” por el simple hecho de haber nacido mujer.

Hay grupos que van todavía más allá y que creen que la sociedad, pero especialmente el “hombre blanco heterosexual”, tiene una deuda histórica con las mujeres, homosexuales, negros y otras minorías, fomentando un resentimiento que, generalmente, se traduce en un odio desmedido contra los hombres por el simple hecho de serlo, cayendo en la misma discriminación contra la que se supone que pelean estos grupos, pues hoy en día hay grupos radicales dentro del feminismo que consideran que todos los hombres somos violadores y asesinos en potencia, y que por tanto de manera preventiva debemos ser “educados” o, mejor aún, erradicados de la sociedad para no lastimar a las mujeres y demás minorías.

La ignorancia siempre ha sido y será un problema muy serio para lograr erradicar estigmas sociales, hombres y mujeres por igual debemos esforzarnos por destruir todos esos mitos y mentiras, y luchar por una sociedad más justa, no una donde simplemente por decreto se le arrebata a un grupo y se le da a otro, perpetuando así los mismos problemas e inequidad que dan origen a las injusticias.

El feminismo nos ha enseñado por ejemplo que a veces cambiar la perspectiva de algunas frases o ideas comunes de la sociedad nos deja entrever el tremendo sexismo, pues por ejemplo mientras un hombre que de manera abierta ejerce su libertad sexual es visto como un “modelo a seguir” entre muchos de sus semejantes, una mujer que ejerza su sexualidad de la misma forma es mal vista.

Siguiendo esta línea de pensamiento, podemos ver por qué algunos de los “logros” del feminismo van en contra de todo lo que es equidad de género, pues imagínese usted que hoy en día hubiera vagones especiales para varones en el Metro, partidos políticos o asociaciones varias exclusivas para hombres o bien descuentos o privilegios únicos para hombres solamente por su sexo, como por ejemplo una ley que obligue a contratar a un determinado número de hombres solamente por su sexo, y no por sus aptitudes; con justa razón los grupos feministas exigirían que se retiraran esos privilegios, sin embargo cuando se trata de beneficios para las mujeres consideran que está bien porque “le quita” a otros lo que ellas creen que se merecen, perpetuando así un problema en lugar de buscar erradicarlo de raíz de manera definitiva.