Vivimos en una sociedad de apariencias, una sociedad que alimenta el ego de las personas quienes, a su vez, entran en un círculo vicioso en el que tienen que aparentar muchas cosas que no son simplemente para dar una apariencia engañosa.

Esto es especialmente cierto en las redes sociales, las cuales –según diversos estudios– sirven únicamente para alimentar el narcicismo –desmedido amor propio– de las personas, e inclusive puede llevar a desórdenes de personalidad que causan que alguien empiece a vivir en una realidad alterna en donde lo que dice vivir y lo que realmente no coincide, pero la persona es incapaz de darse cuenta de ello.

Como todo en esta vida, las redes sociales –si se usan con moderación y cuidado– pueden ser herramientas muy útiles, o por lo menos un medio de diversión y comunicación para pasar el tiempo, sin embargo hay algunas personas para quienes estas redes ya no son solo una herramienta o fuente de diversión, sino una verdadera necesidad; de hecho existen estudios científicos que han comprobado que las redes sociales pueden crear una verdadera adicción en el ser humano semejante a la de las drogas más fuertes, pues el usar estas redes y recibir respuestas positivas causan que nuestro cerebro libere hormonas como las endorfinas que generan una sensación de placer y felicidad, aunque sea temporal.

El problema es que, como todas las drogas, las redes sociales solamente generan un estado alterado temporal, y los efectos se pasan al poco tiempo; el usuario necesita recibir nuevas “dosis” y para ello hará lo que sea por recuperar esa sensación tan elusiva de bienestar.

Es así que muchos usuarios de redes sociales tienen que PRESUMIR ALGO QUE NO SON O TIENEN, simplemente para acaparar la atención, generar lástima o hacerse notar; por lo general, quienes a través de las redes sociales hacen mayor alarde de algo, son generalmente las que menos lo hacen o viven; por ejemplo, hay quienes gustan de presumir a través de las redes sociales de su alto nivel de erudición y constantemente les señalan a otros que ellos no ven televisión, leen mucho y se preparan constantemente, aunque generalmente son personas mediocres que no hacen nada de esto, o solamente leen libros basura que no les aporta nada positivo.

Hay otros que presumen de su gran felicidad, de su familia, su pareja o amistades, cuando en realidad estas personas se pasan más tiempo pegadas al teléfono celular que verdaderamente disfrutando la compañía de sus seres queridos. 

En la serie de televisión Juego de Tronos, uno de sus personajes hace una aguda observación que bien podemos aplicar para cualquier persona en las redes sociales, en donde afirma que “cualquier hombre que necesita decir ‘Yo soy el Rey’ no es un verdadero rey”, que quiere decir que quienes necesitan “darle a conocer” a otros lo que hacen o sienten para confirmar sus buenas acciones, en realidad no son sinceros sino que, por lo contrario, demuestran una inseguridad tremenda, pues quien hace buenas obras de verdad no necesita presumirlas públicamente, a menos que las haga precisamente para exhibirlas, en cuyo caso no son buenas obras.