En ocasiones hay un conflicto al pensar si se debe tolerar ciertas manifestaciones extremistas y radicales que buscan fomentar el odio y la intolerancia, o bien, si estos mensajes deben ser censurados.

En días pasados, en diversos puntos de Estados Unidos, supremacistas raciales, simpatizantes confederados, neonazis y otros grupos extremistas que promueven el odio racial en este país iniciaron una serie de movilizaciones, en casi todas ellas las marchas fueron subiendo de intensidad, convirtiéndose en demostraciones de violencia y odio.

Hay quienes consideran que estas personas están simplemente ejerciendo su derecho a la libertad de expresión, y que el resto de la sociedad tiene que permitirles manifestarse como quieran.

Otros afirman que tiene que haber un límite a lo que se puede hacer o decir; durante décadas ha habido personas que se han hecho la misma pregunta: ¿SE DEBE TOLERAR LA INTOLERANCIA?, y la respuesta no es fácil.

El filósofo austro-británico Karl Popper alguna vez afirmó que puede parecer una paradoja o contradicción, pero la tolerancia ilimitada puede llevar a que ésta misma sea destruida, pues al permitírseles a grupos intolerantes actuar o promover sus ideas, eventualmente puede darles la entrada a ocupar posiciones de poder desde las cuales podrán ejercer libremente sus ideales, imponiendo así a la larga un sistema que busca erradicar a todos aquellos que no coinciden con los ideales del grupo en el poder, eliminando así la tolerancia e imponiendo la intolerancia.

Karl Popper habló de esto por experiencia propia, al haber vivido los horrores del movimiento nazi en su natal Austria, situación por la que tuvo que huir para evitar la persecución; por ello, según Popper, cualquier grupo que promueva ideales avivados por el odio y la persecución, como el nazismo, deben ser prohibidos por la ley, si queremos seguir viviendo en una sociedad abierta y tolerante.

Obviamente aquí es donde entra la paradoja, pues si la sociedad es tan abierta y tolerante, debe permitir cualquier manifestación libre de las ideas, pero eso es algo que nosotros como sociedad debemos preguntarnos si estamos dispuestos a permitir.

El problema es que muchos abrazan esta clase de ideologías basadas en el odio y resentimiento, y por ello es que exigen que se respete su derecho a manifestar sus ideales; en primer lugar, como sociedad, tenemos que desechar esa clase de pensamiento, porque es muy fácil buscar culpables en otra parte, en vez de aceptar y reconocer nuestros errores y nuestra culpa, tomar responsabilidad de lo que hicimos –o dejamos de hacer– antes de buscar chivos expiatorios que nos hagan sentir que nosotros no hicimos nada malo, sino que por culpa de otros es que estamos en una situación difícil.