En medio de las desgracias es que vemos que las personas DEMUESTRAN REALMENTE QUIÉNES SON; la semana pasada comenté en este mismo espacio acerca de cómo muchos buscaron (y siguen buscando) lucrar con la tragedia que cientos de familias en Oaxaca y Chiapas están viviendo todavía como consecuencia del terrible terremoto de 8.2 grados en la escala de Richter del 7 de septiembre de este año.

La semana pasada, justamente 32 años después de aquel terrible terremoto del 19 de septiembre de 1985, un nuevo movimiento telúrico en la zona centro de nuestro país dejó serios daños materiales y causó la muerte de muchas personas –entre ellos niños pequeños– o lesiones graves en la Ciudad de México, Puebla y Morelos, así como otros estados del centro de nuestro país.

En estos días hemos podido ver lo mejor y lo peor de la naturaleza humana, personas que de todo corazón dieron su tiempo, esfuerzo e inclusive sus bienes y propiedades para apoyar a quienes más lo necesitaban, no buscando nada a cambio más que la satisfacción de poder ayudar a quienes más lo necesitan; hubo quienes apoyaron, aunque fuera buscando en cierta manera su beneficio personal, pero que aun así aportaron su granito de arena.

Lamentablemente también vimos a muchos que únicamente buscan lucrar con la tragedia, sin tener el más mínimo interés de apoyar a los damnificados; hubo quienes tal vez no con dolo, pero sí de manera irresponsable, estuvieron compartiendo mensajes o noticias falsas que solamente causan confusión entre las personas y buscan beneficiar financiera o políticamente a ciertos grupos, cuando en este momento lo que necesitamos como país es sumar y no dividir o restar.

Cuando veo casos de personas que, desde el primer momento de la tragedia, se coordinaron para poder ayudar a los damnificados, me siento orgulloso de mi país y de su gente; pero también me entristece ver cuántas personas que no tienen nada bueno que aportar y prefieren difundir información falsa o tendenciosa, politizando una tragedia y pretendiendo beneficiarse a costa del sufrimiento de cientos de familias, simplemente para beneficiar a un candidato o político, o bien, afectar a otros que no son de su agrado.

Me entristece ver que mientras hay miles de mexicanos dispuestos a ayudar sin poner excusa, haya miles más que ponen miles de excusas para no ayudar, y lo que es peor, que desaniman a otros interesados en ayudar; en este momento México no puede –ni debe– permitirse escuchar a aquellas voces que nos siguen dividiendo y debilitando, no somos “nosotros” y “ellos”, no somos priistas, panistas, perredistas, morenistas o de cualquier otro partido, no somos católicos o protestantes o ateos, no somos ricos o pobres, en este momento todos somos únicamente mexicanos, hermanos de una misma patria, ignoremos a aquellos que nos tratan de dividir, a aquellos que buscan lucrar con una tragedia y a quienes intentan difundir mentiras y engaños para su beneficio, y si no podemos –o queremos– ayudar, tampoco evitemos que otros lo hagan porque hoy México necesita más que nunca la unidad de todos sus habitantes, y si podemos lograr esto son muchas las cosas que podemos cambiar para bien en nuestro país.