En la actualidad los índices de analfabetismo se han reducido hasta casi desaparecer totalmente, sin embargo muchos educadores consideran que es necesario redefinir el significado de esta palabra y ampliarlo no sólo a la capacidad que tiene una persona para leer un texto, sino también incluir la capacidad de cada persona para interpretar lo que está leyendo y formarse un criterio propio a través de éste.

Y es que, aunque parezca una necedad, no es lo mismo poder leer que saber leer, pues creo que casi todos nosotros recibimos la instrucción necesaria para poder interpretar lo que las letras escritas dicen, pero desafortunadamente pocas personas ejercitan la habilidad para retener y, sobre todo, comprender lo que estas palabras dicen.

Parte del problema viene de nuestros terribles hábitos de lectura que tenemos como país, pues en nuestro país la gente suele leer muy poco (menos de un libro al año, en promedio), aunque no es la única razón. También tiene que ver con nuestra pereza mental, ya que vemos la lectura como algo “aburrido” preferimos que alguien más nos “explique” en forma más simple (ya sea a través de “dibujitos” o de forma audiovisual) un concepto confuso.

Por ejemplo, recuerdo hace tiempo cuando se encontraba el fervor por la Reforma Educativa del gobierno de Enrique Peña Nieto, muchos profesores aseguraban con total certeza que entre los cambios de esta reforma estaba contemplado eliminar varios derechos laborales de los profesores sindicalizados, como sus pensiones de jubilación entre otros.

Muchas personas a través de las redes sociales también insistían en estas afirmaciones las cuales, al leer el contenido de la Reforma Educativa, podíamos ver que eran completamente falsas y que en esta iniciativa nunca se contempló eliminar estos beneficios laborales para los profesores; fue necesaria una intensa campaña a través de las redes sociales en la que las distintas instancias de gobierno, medios de comunicación y ciudadanía en general invitaba a todos a leer verdaderamente el texto original de la Reforma Educativa que fue cuando muchos empezaron a entender que lo que les dijeron sobre esta reforma no era cierto, quizá por simple ignorancia o –peor aún– con dolo.

Situaciones así se siguen presentando de manera cotidiana a través de Internet, especialmente en las redes sociales donde es muy sencillo compartir información ya sea noticias de broma, tan de moda en Internet, como sitios que –de manera engañosa– crean contenidos falsos solamente para generar tráfico hacia su página o generar una campaña de desinformación para fortalecer a determinado partido político o candidato.

Y como mucha gente no ejerce su criterio al momento de leer esta información falsa, acaban tomándola como real, por lo que no podemos ver entonces una diferencia entre quién puede leer y el que no, pues ambos son igual de ignorantes y fácilmente manipulables, pero cuando no sólo podemos, sino sabemos cómo leer, aprendemos a cotejar toda la información que recibimos para formar nuestra propia opinión.