Editorial

Hay quienes afirman que México debería ser un país próspero dadas sus grandes riquezas naturales, las cuales –según algunos– son explotadas únicamente por los ricos y poderosos para su beneficio, dejándole al pueblo solo miseria y atraso.

El filósofo español Emilio Lledó una vez escribió: “La riqueza de un pueblo no es la del suelo, sino la del cerebro”, esto quiere decir que dentro de cada uno de nosotros hay un potencial enorme para generar riquezas, y que éstas no dependen de los recursos naturales disponibles.

Un ejemplo claro lo tenemos en Japón, un país con muy pocas tierras para cultivo, completamente aislada del resto del mundo no sólo geográfica sino también cultural y lingüísticamente, completamente destruida después de la Segunda Guerra Mundial y, aun así, hoy en día está entre una de las naciones más prósperas del mundo gracias al trabajo y compromiso de sus ciudadanos.

En México tenemos muchas riquezas naturales, pero no tenemos una buena visión de cómo se deben hacer las cosas; de hecho, es bien conocido por todos que EL PEOR ENEMIGO DE UN MEXICANO ES OTRO MEXICANO, pues nuestra mentalidad no es nunca la de colaborar para salir adelante, sino la de “chingar” a otros para poder subir nosotros, es una vez más la famosa historia de los cangrejos japoneses y los mexicanos.

Esta semana nos enteramos del caso de una conocida tienda departamental que, como muchas otras en todo el país, participó en el llamado Buen Fin ofreciendo ciertos productos a precios aparentemente preferenciales; el caso acaparó la atención mediática pues, por un error humano, en esta tienda se colocó un solo anuncio donde se marcaba incorrectamente el precio de oferta de una televisión de pantalla plana por poco más de $10.00 la unidad; una persona que se dio cuenta de este error decidió explotarlo y llamó a todos sus conocidos y amigos para que fueran a esta tienda a adquirir todos los televisores que pudieran, con el fin de revenderlos y obtener una buena ganancia, sin importarle afectar a los empleados de la tienda, quienes seguramente acabarán hasta perdiendo su trabajo por este error que cometieron.

Hay mucho que debatir en torno a esto, sin embargo el objetivo de este comentario editorial es demostrar que muchos mexicanos preferimos salidas fáciles a nuestros problemas, por eso nos gustan las medidas populistas a las que recurren muchos políticos, prometiéndonos dinero sin trabajar o becas para todos los estudiantes –independientemente de su desempeño académico– entre otras más.

Somos un país que prefiere buscar siempre una oportunidad de abusar de los demás, no de ayudarnos mutuamente para salir todos adelante, y lo que es peor, nos indignamos y ofendemos cuando son otros los que abusan de nosotros, aunque en la primera oportunidad que tenemos buscamos hacerle lo mismo a los demás, y esa es una de las principales razones por las que, como país, no podemos progresar.

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