Editorial

Durante todo el año, pero de manera especial en estas fechas, se nos “vende” la idea de que el amor y cariño se traducen en regalos muy costosos, y que entre más dinero gaste una persona es que más le importa la persona.

Estamos en una época en que –según las tradiciones de la iglesia católica– se celebra el nacimiento de Jesucristo, muy pocas personas viven el mensaje que Jesús predicaba; la gran mayoría se pierde en la vorágine consumista de las celebraciones decembrinas, buscando siempre acumular más y más riquezas y bienes, sin tomarse un momento para sentarse a reflexionar y –sobre todo– agradecer todo lo que ya tiene.

Tal vez no lo sepamos, o quizá se nos olvida, pero las estadísticas señalan que si tenemos un techo sobre nuestra cabeza, un plato de comida en nuestra mesa cada día y ropa que vestir ya somos más ricos que alrededor del 80% de la población mundial, que padece hambre, frío y desnudez.

Mientras algunos nos enojamos porque en la casa no hay el platillo que se nos antojó, hay millones de personas que en este día no tienen ni siquiera un poco de pan que llevarse a la boca; mientras muchos nos abrimos nuestro armario lleno de ropa y nos quejamos diciendo que “no tenemos nada que ponernos”, muchas personas en el mundo no tienen más que la ropa que llevan puesta para soportar las inclemencias del tiempo.

DEJEMOS DE QUEJARNOS POR TODO, y aprendamos a ver las bendiciones que ya tenemos y –si es posible– a compartirlas con aquellos que no las tienen; hay muchas que podemos hacer para ayudar otros, y varias más que podemos dejar de hacer también para compartir con otros; en lugar de gastar fuertes sumas de dinero en festejos religiosos banales, podemos aprovechar parte de ese dinero para apoyar a los huérfanos, a los necesitados, a los damnificados o a los desvalidos; en lugar de endeudarnos para comprar una cantidad excesiva de regalos para toda la familia –que rara vez se disfrutan en su totalidad– tomemos un poco de lo que tenemos y compartamos con otros la felicidad y devolvámosle así la alegría y magia a esta época del año.

A nombre de todos los que hacemos posible El Despertar de la Costa quiero agradecerle su confianza en este año 2017, con motivo de brindarle un merecido descanso a nuestro equipo de colaboradores, ésta será la última edición del año en que estará circulando, para tomarnos una semana de reposo y regresar con fuerzas renovadas a partir del 1 de enero de 2018.

De todo corazón deseo que estas fiestas decembrinas estén llenas de mucha bendición y alegría, no de aquella que se puede comprar y es efímera, sino de la de verdad y que dura por siempre, cuídese mucho y extreme sus precauciones durante estas fiestas, recuerde que su familia y seres queridos lo esperan, nos leemos el próximo si Dios lo permite, y que Dios los bendiga.

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