Editorial

Un conocido refrán popular dice que PROMETER NO EMPOBRECE, es el dar el que aniquila, que quiere decir que muchas veces es lo más fácil del mundo hacer una promesa hueca y lanzarla al aire, pero que cumplirla es lo que verdaderamente cuesta mucho.

Como en cada año electoral, a lo largo de este 2018 –y aún desde mediados del año pasado– hemos venido escuchando o leyendo las propuestas de los aspirantes a diversos cargos de elección popular en comicios que se estarán celebrando este 1 de julio.

Sin embargo, muchas de estas propuestas no son en realidad más que promesas huecas que, difícilmente, podrían realizarse o –en muchos de los casos– son absolutamente irrealizables; empecemos con una de las promesas más comunes: reducir los costos de la gasolina. Muchos partidos y candidatos nos prometen que, al llegar al poder, por simple decreto reducirán los costos de los combustibles, como si hubiera una varita mágica o un botón especial dentro de la residencia oficial de Los Pinos con los que el Presidente de la República pueda modificar a voluntad los precios de las gasolinas.

En realidad solamente hay dos formas en que el Gobierno Federal pueda influir para reducir el costo de los combustibles, la primera de ellas, y que por mucho tiempo fue la única forma en que el Gobierno mantenía –de manera artificial– los precios de la gasolina en niveles aceptables, es a través de subsidios millonarios que –a la larga– se vuelven una pesada carga para el presupuesto público.

La otra alternativa, pero a la que ningún político hace mención, es reducir o eliminar los impuestos a las gasolinas que se tienen actualmente los cuales, por principio de cuentas, se cobran para que el gobierno pueda generar los recursos necesarios para mantener infinidad de programas sociales paternalistas que, en todo el tiempo en que se han venido aplicando, realmente nunca han solucionado la situación de las familias y sectores más vulnerables de nuestro país, y únicamente se mantienen para atraer votos hacia los partidos en el poder.

Esta semana el aspirante presidencial y fundador del partido Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) Andrés Manuel López Obrador durante su gira por el vecino estado de Chiapas señaló que es indignante que un país como Guatemala, tan pequeño y sin yacimientos petroleros, tenga gasolina más barata que México.

Lo que al licenciado López Obrador le faltó señalar es que una de las principales razones por las que en Guatemala hay gasolina tan barata es precisamente porque en aquel país desde hace 10 años se les dio entrada a las gasolineras privadas para que éstas, por medio de la ley de la oferta y la demanda, han ido ajustando sus precios, retirándole al gobierno el control de las manos y permitiendo que la libre competencia sea la que determine los precios.

Cuando los mexicanos podamos entender esta realidad y exijamos todos que el gobierno deje de intervenir en todos los aspectos de nuestra vida cotidiana, podremos alcanzar las metas a las que queremos llegar, pero mientras sigamos dándole más poder al gobierno –el que sea– las cosas simplemente seguirán yendo de mal en peor.

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