Observador Social.

DÍA DE LOS MUERTOS

¡México, creo en ti!

Porque escribes tu nombre con la X

Que algo tiene de cruz y de calvario:

Porque el águila brava de tu escudo

Se divierte jugando a los volados:

Con la vida y, a veces, con la muerte.

(Ricardo López Méndez)

Este fragmento de la hermosa poesía ¡México, creo en ti! refleja fielmente la idiosincrasia de los mexicanos ya que, dentro de sus tradiciones más arraigadas que tiene, está la de venerar a sus muertos y, por qué no decirlo, a su vez burlarse de la muerte a través de las caracterizaciones que se hacen de ella tanto en caricaturas, piñatas, parodias, disfraces, etc. 

El culto a los muertos tiene una antigüedad milenaria (tres mil años), entre los pueblos originarios de Mesoamérica, todas las culturas prehispánicas ya rendían culto a sus muertos a través de sus deidades (dioses); en la cultura maya veneraban a Ah Cimih, también conocido como Kizin (El apestoso), Dios y Rey del Inframundo. 

Nuestro pueblo Zapoteca veneraba a Pitao Bezelao, Dios de la Muerte y el Inframundo, a quien le rendían culto por medio de ofrendas adornadas con flores de cempasúchil. Entre el pueblo azteca ya se contemplaba en el Calendario Azteca o Piedra del Sol el noveno mes (Tlaxochimaco, el nacimiento de las flores), que iniciaba a principios de agosto y duraba casi un mes, las festividades eran presididas por la Diosa Mictecacihuatl, conocida como la Dama de la Muerte y esposa de Mictlantecuhtli, Señor de la Tierra de los Muertos, celebrando a los niños y adultos fallecidos; esta tradición prehispánica dice que los muertos vienen del Mictlan, la Tierra de los Muertos, y es un día especial para compartir alimentos con los que se han adelantado.

Las familias hacían vigilia solemne, horneando golosinas en recuerdo de sus difuntos, las cuales colocaban al día siguiente sobre las tumbas. Los hombres nobles con las mujeres bailaban juntamente, asidos de las manos y abrazados unos con los otros, paso a paso, al son de los que tañían y cantaban. 

A la llegada de los españoles, estos quisieron erradicar estos festejos paganos, pero al ver la resistencia de los pueblos originarios empataron sus festejos con los propios, lo trasladaron al primero de Noviembre, Día de Todos los Santos, fecha contemplada en el calendario eclesial en que se veneran a todos los santos que no tienen una fiesta propia. 

En muchos lugares la gente decora los famosos altares, la familia coloca una mesa en algún sitio del hogar, se forma un arco con cañas, portal del inframundo por donde regresarán en este día tan especial los difuntos y que también sirve como marco para colocar fotos, colgar fruta, imágenes religiosas y crucifijos. 

Generalmente un altar se hace en tres niveles, que representan el cielo, el purgatorio y la tierra, en ellos no deben de faltar el agua para saciar la sed, la sal para condimentar la comida, las veladores para iluminar el camino y las flores de cempasúchil que con su fuerte aroma guía a los muertos desde el inframundo. 

La gente acostumbra decorar el altar con una foto del familiar muerto y con comidas y bebidas que el difunto disfrutaba en vida; por supuesto que no debe de faltar el plato de mole, la taza de un espumoso chocolate, el mezcal, la cerveza, los cacahuates, el pan de muerto, mandarinas, cañas, calaveras de dulce, naranjas y todo lo que al difunto le gustaba. 

Entrar a una casa en estos días se convierte en una experiencia fuera de lo común, el fuerte olor de las flores perfuma el ambiente, mientras que las ondulantes flamas de las veladoras danzan y proyectan sombras de formas caprichosas entre los productos que los invitados disfrutarán esa noche en particular. 

Agradezco sus comentarios al correo electrónico britocomunicacion@hotmail.com todos sus correos serán contestados. Para leer mis artículos anteriores, visite www.doctorbrito.blogspot.mx hasta la próxima semana.

También puede interesarle: