Epigrama

Porque han reducido el precio de los combustibles en un dos por ciento, los medios de comunicación han echado las campanas a vuelo.

¡La gasolina ha bajado!

Anuncian como posesos;

pero lo real que ha pasado:

centavos han rebajado

… ¡y nos trabaron en pesos!

Sección Poética 

El Ruiseñor Juquileño.

Autor: Ing. Abel E. Baños Delgado. Para Sergio Zavaleta Rosette (Q.E.P.D.)

Jubiloso está Oaxaca

y todo el solar costeño,

para rendirle tributo

a un hombre sencillo y bueno,

que trae inmerso en la sangre,

cincelado en el cerebro, 

el amor a su terruño,

a su pueblo juquileño.

 

Él nació para cantar

como lo hacen los jilgueros:

con cadencia, timbre, ritmo

y vehemente sentimiento,

para pregonar al mundo

las raíces de su pueblo

tan profundas y extendidas

como las del cocotero.

 

¿Quién en su ser no ha sentido

un vivo estremecimiento,

cuando tañe su violín

como lo hacen los maestros:

con pericia, con soltura,

con emoción y portento,

y hace que dancen las notas 

abrazadas con el viento?

 

¿Quién en su ser no ha sentido

vivaz sobrecogimiento

y que su corazón se agranda

o que se hace más pequeño,

cuando Sergio Zavaleta

ha entonado a voz en cuello

“La juquileña” o “La india”,

con sus versos picarescos?

 

Los sones y las chilenas

orgullos de nuestro suelo,

que distinguen y retratan

a este jirón oaxaqueño,

los lleva dentro del alma

desde que era un rapazuelo

porque la leche materna

lo nutrió de esos arpegios.

 

Los que amamos el folclor

y lo llevamos muy dentro,

queremos patentizarle

nuestro singular afecto,

nuestro cariño de hermanos,

nuestro profundo respeto

y constate que su vida

ha sido de gran provecho.

 

Juquila, la religiosa,

la ataviada de misterios,

la que lo acogió amorosa

pues fue parido en su seno,

le sonríe con beneplácito,

con hondo agradecimiento

porque es su hijo consentido,

el mimado y predilecto.

 

Ruiseñor de nuestra Costa,

de esta región de embeleso:

elogiamos y admiramos

tu creatividad e ingenio;

recibe, además de aplausos,

nuestro reconocimiento.

¡Que la Virgen milagrosa

te ampare por siempre, Sergio!