¡Ay Santo Matín el Colorado! Me acuerdo que, hasta hace unos años, un accidente vehicular, el que fuera, normalmente era un asunto de seriedad y se tomaban siempre las consideraciones necesarias, la gente pedía a los medios de comunicación información, a veces quizá por morbo o verdadera preocupación; pero hoy en día ya con tantos accidentes la gente ni les da importancia, si les dicen que hubo un choque es como si les dijeran que hoy salió el sol, no les parece nada del otro mundo, y esto es sumamente preocupante.

Es algo que debería ponernos a pensar a todos, pero sobre todo a nuestras autoridades de todos los niveles, porque es más que evidente que el número de accidentes vehiculares, en lugar de disminuir, van a la alza; y aunque TODOS en alguna u otra forma somos culpables de esto, hay que reconocer que hay algunos grupos que son más propensos a verse involucrados en estos accidentes, y los dos más comunes son los choferes del servicio público y los motociclistas.

Empecemos con los motociclistas, porque ellos cuando les “pelean” y dicen que no pueden ocupar un cajón de estacionamiento como un automóvil son los primeros que se ponen como gatos panza arriba a argumentar que una motocicleta es también un vehículo y tiene los mismos derechos que un carro o camioneta, y pues sí, en este sentido tienen razón pero, siguiendo esa misma lógica ¿no deberían también estos vehículos respetar las mismas leyes y señalamientos que los demás automóviles? Porque cuando a los motociclistas les conviene sus unidades son vehículos, y les tienen que dejar cajones de estacionamiento y espacios para maniobrar, pero estos mismos motociclistas son los que –también cuando les conviene– NO USAN sus unidades como vehículos, así que sienten que se pueden pasar la luz roja de los semáforos, meterse entre los demás vehículos, rebasar por donde se les dé la gana, en fin, tantas cosas; el otro problema es que son tantas las motocicletas y casi todos sus conductores son muy imprudentes, así que muchos automovilistas ya no saben ni qué hacer ni a quién cuidar –o de quién cuidarse– que es cuando muchas veces vienen los accidentes, porque claro, los motociclistas se “ofenden” de que la autoridad vial haga operativos para que hagan conciencia y manejen con precaución, pero cuando vienen los accidentes ahí sí quieren que el mundo entero se detenga para atenderlos y “hacerles justicia”.

De los taxistas y otros choferes del servicio público no hay mucho que hablar, ya todos sabemos cómo son varios de ellos, no todos –afortunadamente– pero, por desgracia, por unos cuantos salen pagando todos; aquí el problema es más grande porque los señores taxistas son prácticamente intocables, a diferencia de los motociclistas, no vemos a las autoridades de vialidad haciendo operativos para llamarles la atención a los ruleteros o microbuseros, no se hacen revisiones ni mucho menos se les exige que pongan atención a lo que hacen, pues muchos de estos conductores andan manejando y encima “cotorreando” a través del radio de banda civil o en su celular, conduciendo a alta velocidad y todavía corriendo para ganarles el pasaje a sus demás compañeros, luego vienen los accidentes y entre ellos mismos se “protegen” para presionar a la autoridad y que ésta no diga que la culpa fue de estos imprudentes choferes, aunque es evidente que así fue.