¡Ay San Atito el Prieto! Sé que muchas veces el miedo nos hace actuar de maneras que no deberíamos, por eso se supone que existe mucha información, cursos de formación, simulacros y demás que nos enseñan cómo debemos actuar en determinadas situaciones.

Esto lo digo porque, aunque gracias a Dios en esta región de la Costa los terremotos de las últimas semanas no han dejado afectaciones severas, como ha sucedido en otras partes del país o inclusive nuestro estado, también vemos que, desafortunadamente, todavía nos falta muchísimo en materia de protección civil en lo que respecta a los terremotos.

Es bueno ver que, por lo menos en el caso de lluvias, tormentas y huracanes aunque sea poco a poco –y después de varias “metidas de pata”­­– ya nos va “cayendo el veinte” sobre lo que debemos (y no debemos) hacer ante estos fenómenos naturales, pero parece que ahora el nuevo problema es sobre la cultura en torno a los terremotos.

Por un lado es, hasta cierto punto, comprensible que muchos no sepan (o puedan) reaccionar debidamente, pues mientras en el caso de los huracanes se nos avisa hasta con días de anticipación y nos podemos ir preparando física y mentalmente para ello, en el caso de los terremotos simplemente no hay forma de estar prevenidos, a diferencia de las grandes ciudades, en Puerto Escondido no tenemos la dichosa Alerta Sísmica, la única forma de que sabemos que va a temblar es cuando ya está sucediendo y, por desgracia, muchos ahí dejan ver la poca cultura o preparación que tienen.

Porque, por ejemplo, en este sismo del 19 de septiembre me tocó escuchar a un padre de familia muy molesto quien comentaba que en la escuela de uno de sus hijos, cuando empezó el terremoto, una de las maestras se echó a correr mientras los pequeñines todavía estaban guardando sus útiles escolares, y que no le importaron a esta maestra los niños, sino que ella se echó a correr como alma que lleva el diablo; qué tristeza que alguien que, se supone, debe ser la que enseñe a los niños a conservar la calma y los ayude a mantenerse tranquilos en esos momentos, sea la primera que ponga el mal ejemplo.

Desafortunadamente ahí vemos que nos falta muchísimo, yo me pregunto realmente en cuántas escuelas se realizan los simulacros de terremoto o en cuántos es OBLIGATORIO que los maestros, directivos y padres de familia sostengan reuniones con las autoridades de Protección Civil para saber cómo deben reaccionar en casos como éste y en otros fenómenos naturales o causados por el ser humano, como un incendio por ejemplo.

No es que esta vieja desee algo así, pero bien dicen por ahí que es mejor prevenir que lamentar, ¿no lo creen?. Siguiendo con este tema, pero ya en otro punto, también quiero quejarme de la forma tan amarillista y sensacionalista con que se ha estado manejando la información de este terremoto en ciertos medios de comunicación de la zona pues, en lugar de hacer que la ciudadanía esté calmada y atenta, generan un estado de psicosis en que muchos ya no entienden razones y se portan como salvajes, y todo simplemente porque en algunos medios quieren acaparar toda la atención y, sin tentarse el corazón, difunden información que no tiene nada que ver, sacando a colación cifras del terremoto de 1985 como el número de muertos, los daños y todas esas cosas que en nada benefician, pero que mueven el morbo de las personas, sinceramente si no van a informar con seriedad, mejor ahórrense la molestia y no anden asustando más a la gente que, de por sí, ya muchos parecen neuróticos que nada más sienten que empieza un leve temblor y gritan como si se los estuviera tragando la tierra, en lugar de conservar la calma e infundírsela a otros.