Surfistas de todo el mundo rindieron homenaje a Óscar, Waldo y Diego.

Puerto Escondido, Oax. El sábado 25 de noviembre un trágico accidente cobró la vida de Óscar Moncada, Waldo Rendón y Diego Oropeza, tres famosos surfistas de Puerto Escondido; la comunidad surfer una vez más dio una muestra de su unidad y compañerismo, organizándose para rendirles un homenaje póstumo, celebrando la vida de estos jóvenes, no solamente en Puerto Escondido, sino en diversas partes del mundo.

Junto con las imágenes del homenaje celebrado en este Puerto y en otros puntos del mundo, les compartimos una breve reseña de cada uno de estos jóvenes surfistas que compartió a través de las redes sociales Citlalli Calleja, representante de la Asociación de Surf del Estado de Oaxaca en Puerto Escondido, y que también se leyó en el homenaje a estos surfistas.

ÓSCAR MONCADA RAMÍREZ.

Oscarín, como cariñosamente se le llamaba, nació en Puerto Escondido, Oaxaca un 13 de septiembre de 1983; fue el más chico de una familia de 3 hermanos. Sus dos hermanas mayores son Mayra Maritza y Citlalli, siendo sus padres la señora Graciela Ramírez Castillejo y el señor Óscar Moncada Silva.

Oscar desde muy chico fue inspirado por sus tíos, ya que la familia Ramírez es una de las pioneras del surfing en nuestra comunidad y del país, en la actualidad se desempeñan en diferentes ramas, pero de la misma industria del surf.

Mike, Juan, Lupe y Roger le permitieron a Óscar creer en su talento y salir a demostrar lo que corría por sus venas. A los ocho años de edad Óscar, determinado, empieza a surfear con un boogie.

A una temprana edad decidió, con mucha motivación, dedicarse de lleno a las competiciones de surf nacional, representando a Oaxaca en destinos del Pacífico como Ixtapa, Acapulco, Baja California, entre otros; se estaba forjando uno de los nombres más famosos de México y, por qué no decirlo, del mundo; para quien lo vio surfear en Zicatela, su nombre fue mencionado por todo el mundo ya que fue el único mexicano en la historia del surf que compitió hombro a hombro con el campeón mundial.

Durante un heat en la competencia de Rip Curl en Barra de la Cruz surfeó con los mejores del mundo y particularmente con el campeón mundial Kelly Slater; Óscar Moncada pudo demostrar que su nivel de surf podía ser comparado con el mejor del mundo, ya que lució como nunca en esa ola derecha.

Su particular estilo al deslizarse sobre las olas le regaló triunfo tras triunfo, recorrió el mundo gracias al surfing, visitando lugares como Brasil a sus 20 años de edad, Estados Unidos, Portugal, Francia, Hawái, Tahití, Costa Rica, Argentina, Indonesia, Perú, Tailandia y Dinamarca, solo por mencionar algunos.

Por ser consentido de Zicatela, surfear era su deleite, ya que la ola le permitía salir de tubulares de agua que casi resultaban imposibles de lograr con una salida impecable, Oscar lo hacía ya que conocía la ola derecha de Zicatela como una íntima amiga.

Por mencionar algunos de sus patrocinadores están Squalo, Black Fly, QuickSilver, Stay over, Súper Bran y, en fechas recientes, Volcom.

Como hijo fue muy reservado en sus asuntos personales, pero siempre generoso, nunca fue altanero y era el consentido de la casa. Su familia le brindó la libertad y el apoyo total en su disciplina. Era el “nene” de la casa. 

Cuando hacía los deberes del hogar, le encantaba escuchar música y todo era una fiesta, le encantaba perfeccionar los detalles de la casa. Fue muy enfocado en su entrenamiento ya que era su profesión.

No le importaba ser tal como era, donde sea y con quién fuera, con su pareja Janna Olso fue muy cariñoso y su segunda familia eran los amigos.

Ahora Oscarín deja la estafeta a sus sobrinos Brian, Denis, Valeria y –especialmente–a Gadiel.

WALDO GÓMEZ RENDÓN.

Waldo Gómez Rendón nació un 26 de septiembre de 1981 en Zihuatanejo, Guerrero; vivió su infancia al lado de sus padres, la señora Rosa María Rendón y el señor Vicente Gómez Bello en Tecpan de Galeana, Guerrero.

A sus 13 años de edad la familia completa se mudó a Puerto Escondido, Oaxaca, donde contaban con un taller de ingeniería electrónica para solventar los gastos familiares. Waldo era el mediano de los tres hijos, la mayor es su hermana María Yotzabeth y el más pequeño Alan Adrián. 

Desde aquel entonces Waldo ya apuntaba para ser un gran artista, ya que disfrutaba de pintar desde muy chico.

Inició en el mundo del surf desde muy joven, corriendo olas en bodyboard en la playa Zicatela y disfrutaba su vida cerca del mar.

En el 2002, con tan solo 15 años de edad, su vida dio un giro radical, mudándose a los Estados Unidos en compañía de su padre, sin imaginar que en aquella tierra encontraría a Tara García, con quien contraería nupcias en Las Vegas, Nevada y quien le daría uno de los mejores regalos de la existencia: su amada hija Bri Rendón que hoy día tiene 16 años de edad.

Waldo volvió a Puerto Escondido planeando en aquel entonces, para un futuro cercano, mudarse a España con su padre. Fue un hijo muy reservado respecto de sus asuntos personales, y muy independiente. Su padre le seguía por sus publicaciones en la red pero siempre le dio la libertad y el respeto de ser auténtico. Le gustaba correr para mantenerse en forma.

Trabajó en agencias de viajes y –posteriormente– comenzó a adentrarse en el arte del tatuaje y la pintura.

Inició una nueva etapa al conocer a una amiga europea quien, atraída por su personalidad y talento, le brindó el apoyo necesario para ir a Europa; le apreciaron tanto por esos rumbos que su amiga lo invitó considerables veces a su país natal, sin mencionarle que su padre tenía una casa de tatuajes; partiendo de este acontecimiento, Waldo tuvo la oportunidad de conocer países como Francia y Dinamarca, los cuales sin duda le inspiraron considerablemente.

Sus planes a futuro, en el mes de febrero del 2018, eran contraer matrimonio con su novia y mudarse a Australia.

Después de sus viajes, y con más madurez, se convirtió en un hijo muy cariñoso; cada vez que regresaba de viaje traía regalos a su padre, le obsequiaba además abrazos y besos que parecía no pensaba volver a reprimir, las pláticas eran amenas y ahora todo se hablaba a detalle.

Los últimos tres años de su vida Waldo decidió dedicarse de lleno al arte de pintar, sus obras abstractas son un deleite. Waldo tenía intenciones de llegar muy lejos dentro del mundo de la pintura; algunas de sus obras también se encuentran en Europa.

En sus inicios pintaba cabezas de las cuales surgían otras cabezas, cuadros que instan a dar una bocanada de análisis y la reflexión.

Nunca le importó invertir en sus materiales de trabajo ya que eran su beneplácito. Dejó 7 obras en sus aposentos, algunas de ellas sin concluir.

Su plan de vida era iniciar un proyecto que había desarrollo con Pepe, el cual estaba considerado para arrancar el lunes 26 de noviembre. Nadie imaginó que, a sus 36 años de edad, Waldo Rendón partiría sin regreso, aunque el proyecto continuará en pie de la mano de su padre.

DIEGO OROPEZA ZÚÑIGA.

Diego Oropeza nació el 16 de junio de 1988 en San Diego, California; fue sietemesino y los médicos no le daban esperanzas de vida, su cuerpo era tan pequeño que cabía en mano de su padre, nadie imaginaria que ese pequeño sería después el vigoroso y fornido Diego.

Su infancia la vivió en Tasquillo, Hidalgo con sus padres, la señora América Zúñiga Villa y el señor Marco Antonio Oropeza Mota; Diego fue el segundo de 4 hermanos: Marco, Erika y Eduardo.

Empezó a surfear cuando tenía 10 años y en ese preciso momento descubrió que su sueño era permanecer al lado del mar para convertirse en un surfer profesional.

Inspirado por su madre, Diego concluyó sus estudios profesionales en la Universidad Lasalle de la Ciudad de México, graduándose como Licenciado en Arquitectura.

La tesis que desarrolló Diego fue inspirada en la conservación y protección de Playa Zicatela y su ola, llamada “Save the wave” que en español significa “Salvemos la Ola”. 

Su arduo trabajo en este libro de integración urbana, no representó reto alguno para él, ya que le apasionaba la idea de no permitir que Zicatela continuará su desarrollo sin una conciencia ecológica y bien diseñada. Creo que todos deberíamos leer esta tesis.

Diego era un joven que continuaba preparándose, ya que estaba cursando una maestría en Planeación Urbana, Arquitectónica y Movilidad, quería salvar la ola de Zicatela y rescatar el océano.

Diego también se realizó como surfista profesional, ya que remaba mar adentro en días que pocos lo hacían y pudo probar el sentimiento y la energía de los túneles acuáticos de esta ola. Su vida se alternó entre la Ciudad de México y la Costa oaxaqueña.

Diego siempre tenía una sonrisa para todos, era muy alegre y con un corazón enorme, además de ser buen amigo y estar siempre para apoyar a quien le pedía una mano, sin esperar nada a cambio. 

Siempre supo que partiría muy joven, sentía un gran amor por el mar y decía que los hombres de mar siempre vuelven a éste, siempre hizo lo que quiso, era un ser imposible de limitar por su gran energía.

Recientemente se consolidó profesionalmente, ya que había terminado el diseño para la casa de su mamá en Puertecito, le gustaba viajar y su presente era una vida plena y feliz, poseedor de una gran sencillez de corazón.

La familia Oropeza Zúñiga va a hacer una fundación para Salvar la Ola de Zicatela y ayudar al océano a sanar, la Fundación Diego Oropeza Zúñiga “We are the Ocean”, o, en español, “Nosotros somos el Océano”.

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